Ups, lo hizo de nuevo

Sobre la columna de Ari Shavit “Ups, lo hicimos de nuevo” (ynet, 22 de septiembre de 2026) y su versión grabada, “Ups, los liberales lo hicieron de nuevo”, del 26 de septiembre

Oded Balaban — University of Haifa — balaban@research.haifa.ac.il

Septiembre de 2026

A cinco semanas de las elecciones del 27 de octubre, Ari Shavit publicó en ynet una columna titulada “Ups, lo hicimos de nuevo” y la grabó con un título más preciso en cuanto a sus destinatarios, “Ups, los liberales lo hicieron de nuevo” (Shavit, 2026e). La columna anuncia la derrota de la oposición israelí y le asigna un culpable, los liberales. Según Shavit, Benjamín Netanyahu diseñó una estrategia en tres etapas (inflar a Gadi Eisenkot para sacar de juego a Naftali Bennett y Avigdor Liberman, desinflarlo después y, pasadas las elecciones, incorporarlo a un gobierno nacional con los ultraortodoxos), y los liberales la ejecutaron al pie de la letra. El remedio sería una cumbre de emergencia de Eisenkot, Bennett y Liberman, con “una derecha ilustrada” en la conducción y “un relato sionista poderoso y ganador”.

Lo que vuelve peligrosa a la columna es su firma. Shavit ataca a Netanyahu desde hace años, con dureza y por escrito, y esos ataques son reales. Funcionan además como credenciales, y sin ellas nadie lo leería hasta el final. Un pedido de unidad con el Likud, de conducción de derecha o de exclusión de los partidos árabes, salido de la boca de un bibista, no se escucha. Dicho por alguien que llamó a Netanyahu lo que Shavit lo ha llamado, se escucha. Hace nueve años, a propósito de su libro, llamé a esto la crítica como recibo: el horror narrado de Lidia le compraba el derecho a absolver a quienes lo cometieron. Aquí la crítica le compra el derecho a ser creído.

La receta es peligrosa para la oposición y beneficia a Netanyahu por cuatro razones. Primero, a cinco semanas de la elección desmoraliza al votante opositor, porque le repite el mito del mago invencible, que es la pieza central de la propaganda del Likud. Segundo, pide fusionar listas que, según todas las encuestas de 2026, pierden escaños al unirse. Tercero, exige poner a la derecha al frente y disputar en el terreno nacionalista, donde Netanyahu es más fuerte, y así aleja a los votantes de centro e izquierda. Cuarto, descarta de antemano la única mayoría que hoy existe contra Netanyahu, la que incluye a los partidos árabes, y deja como salida un gobierno de unidad con el Likud, que es lo que el propio Shavit viene pidiendo desde hace años. Cada uno de esos pasos favorece a Netanyahu, cualquiera sea la intención de quien los propone.

El ajedrecista del siglo

La columna descansa sobre un retrato de Netanyahu como estratega omnisciente, “el gran artista del divide y reinarás”, “el ajedrecista del siglo” y, en la versión escrita, “el mago”. Todo lo que la oposición hizo en el último año figura en ese retrato como una jugada prevista por él. Eisenkot sube porque Netanyahu lo infló; Eisenkot baja porque Netanyahu lo desinfló; si Eisenkot termina en un gobierno de unidad, será la tercera etapa. Un esquema en el que cualquier resultado confirma el plan no explica nada, porque ningún hecho podría refutarlo. Shavit lo presenta como análisis y funciona como profecía retrospectiva.

Las fuentes tampoco lo sostienen. Lo que la prensa documenta del Likud es lo corriente en cualquier campaña, que ataca a quien encabeza las encuestas. Ben Caspit describió cómo la maquinaria de difamación del oficialismo preparó primero un expediente contra Bennett y se volvió contra Eisenkot cuando este pasó al frente (Caspit, 2026). Atacar al puntero es el abecé del oficio electoral; Shavit lo convierte en una partida de tres movimientos concebida con un año de anticipación.

El retrato tiene además un efecto que no depende de su exactitud. El mito del mago invencible es una pieza central de la propaganda de Netanyahu, porque desalienta al votante adversario antes de que vote. Una columna que, a cinco semanas de la elección, declara que “estamos al borde del desastre”, que el vuelco “estuvo al alcance de la mano y se escapó” y que los liberales “cometieron todos los errores posibles” le repite ese mensaje al único público al que el Likud no llega por sí mismo, el de la oposición.

Los números y lo que callan

Las cifras de Shavit son exactas. Entre mayo y junio de 2025, con Bennett al frente de las encuestas y Eisenkot todavía en el partido de Benny Gantz, el bloque opositor sin los partidos árabes rondaba los 60 escaños (62 en el Canal 12 el 4 de junio, 60 en el Canal 13 el 18, 61 en Maariv el 25). En septiembre de 2026 marca entre 52 y 55 (54 en el Canal 12 el 22, 52 en el Canal 13 el 23, 55 en Maariv el 24) (Wikipedia, 2025; 2026). Lo que la columna omite es el recorrido entre los dos extremos.

Eisenkot superó a Bennett a mediados de junio de 2026 y quedó como primera lista de la oposición, con 22 a 26 escaños. Durante los dos meses siguientes el bloque se mantuvo entre 57 y 60; a mediados de agosto el Canal 12 le daba 60 y Maariv 61.

La caída llega a fines de agosto y en septiembre, y coincide con otros hechos. Entró en las encuestas la lista del general Ofer Winter, fundada el 25 de agosto, con cuatro o cinco escaños; la lista de reservistas de Yoaz Hendel pasó el umbral electoral; y los partidos árabes volvieron a unirse en la Lista Conjunta. En ese mismo lapso la coalición de Netanyahu también bajó, de unos 51 escaños a 46 o 47. El bloque perdió votos por la fragmentación del mapa, y la cronología desmiente que los haya perdido por haber quedado Eisenkot solo al frente.

Esas mismas encuestas dan al bloque de Eisenkot 54 escaños frente a 46 o 47 de la coalición; Haaretz tituló el 23 de septiembre que el bloque de Eisenkot aventaja a Netanyahu (Haaretz, 2026). Para llegar al “empate entre los bloques” o a la “ventaja clara de la derecha” que anuncia Shavit hay que sumar a Netanyahu las listas nuevas de Winter y de Hendel, que hoy no pertenecen a ninguno de los dos bloques. El desastre inminente sale de esa suma.

Queda una omisión mayor. El “bloque de la reparación” de Shavit excluye a los partidos árabes, que hoy suman doce o trece escaños. Con ellos, la oposición a Netanyahu supera los 61 escaños en todas las encuestas citadas. Shavit ni siquiera discute esa posibilidad, porque la da por descartada. Es la premisa de la campaña del Likud, cuyo lema contra el candidato opositor reza “Gadi no tiene gobierno sin los árabes” (N12, 2026), y la misma que Shavit formuló en noviembre de 2025 al pedir que los liberales se aliaran con “un millón de derechistas moderados” en lugar de hacerlo con árabes o ultraortodoxos (Shavit, 2025d). La aritmética que, según él, “lo dice todo” está hecha con las reglas del adversario.

La unión que resta

La receta de Shavit es la unión, y las encuestas la midieron varias veces. En mayo de 2026 Maariv probó una lista conjunta de Juntos (la lista de Bennett y Yair Lapid), Yashar (el partido de Eisenkot) y el partido de Liberman; por separado sumaban 49 escaños, unidos entre 44 y 49 según quién la encabezara. En junio y julio la fusión de Juntos con Yashar daba de 34 a 39 escaños contra 40 o 41 por separado; Israel Hayom registró en septiembre 36 contra 37 (Wikipedia, 2026). En ningún caso la unión suma, y en casi todos resta, hasta siete escaños. El Canal 12 informó que Eisenkot vaciló ante la fusión precisamente por eso (Times of Israel, 2026a).

Hubo además un experimento real. Bennett y Lapid unieron fuerzas en abril en la lista Juntos, encabezada por Bennett, que arrancó con 24 a 28 escaños y hoy tiene entre 11 y 15. El 17 de septiembre, cinco días antes de su columna, la intervención de Shavit en el pódcast de Haaretz salió con el título “Bennett se equivocó al unirse a Lapid” (Shavit, 2026d). La unión salva a Israel, salvo la única unión que efectivamente se hizo, que fue un error.

La historia electoral israelí confirma lo que muestran las encuestas. El Likud e Israel Beitenu sacaron 42 escaños por separado en 2009 y 31 juntos en 2013; Azul y Blanco y Nueva Esperanza, 14 por separado en 2021 y 12 juntos en 2022. La Unión Sionista de 2015 (21 escaños por separado, 24 juntos) es la excepción, y fue precisamente la unión de centroizquierda que Shavit apoyaba entonces. Una fusión que desplaza la conducción hacia la derecha arriesga a los votantes de centro e izquierda, que se quedan en casa o migran a listas menores, algunas de las cuales pueden quedar bajo el umbral, como le ocurrió a Meretz en 2022.

¿Quién no se unió?

Shavit culpa a los liberales de no haberse unido. Los hechos de las últimas semanas señalan a otros. Lapid se ofreció a bajar al tercer lugar de la lista si Eisenkot se sumaba (Times of Israel, 2026c). El Canal 12 informó en agosto que Bennett y Liberman conversaban sobre fusionarse después de las elecciones para frenar a Eisenkot, y que Bennett sostenía que el primer ministro debía ser el líder “más experimentado” o “más de derecha”, y no el del partido más grande (Times of Israel, 2026b). Eisenkot, por su parte, dio a entender que no se sumaría a una lista que no encabezara. Los que se negaron fueron un exjefe del Estado Mayor y los dos dirigentes de derecha a quienes Shavit quiere en la conducción. El único liberal de la escena, Lapid, fue el que ofreció ceder.

El 2 de septiembre Shavit había escrito en ynet que “Bennett debe aceptar el liderazgo de Eisenkot” (Shavit, 2026c). Bennett no lo aceptó. Veinte días después la columna no le dirige un solo reproche; la culpa recae sobre los liberales, y Eisenkot, que tres semanas antes debía encabezar a todos, pasa a ser “el mineral precioso de Bibi” si se presenta solo. Hace pocas semanas Shavit publicó Bennett. La hora de la verdad, un libro hecho de unas cien horas de conversación con Bennett (Shavit, 2026b), y la columna misma va firmada con esa noticia. El lector tiene derecho a tenerlo presente cuando se le pide “una derecha ilustrada” en la conducción.

Amit Segal, testigo de cargo

En medio de la columna Shavit trae una autoridad. “Amit Segal dijo hace unos meses que Gadi Eisenkot es un mineral precioso. Es verdad.” Segal es el comentarista político principal del Canal 12 y el analista de mayor audiencia identificado con la derecha. No encontré la frase en ninguna fuente fuera de la columna de Shavit, tampoco en las columnas de Segal de fines de agosto. Aun suponiéndola exacta, el procedimiento dice mucho. Para indicarle a la oposición quién debe ser su candidato y con quién debe aliarse, Shavit elige como testigo al comentarista más próximo al campo de Netanyahu y le da la razón sin reservas.

Shavit ya escribió esta columna. En marzo de 2015, en vísperas de las elecciones, pedía a los israelíes moderados que se unieran detrás de Isaac Herzog y Tzipi Livni, dos dirigentes de centroizquierda. La disyuntiva era, según el título, “o Lapid o la esperanza”, y a los indecisos entre la Unión Sionista y Meretz, el partido de la izquierda, les recomendaba Meretz, porque “no hay democracia parlamentaria en Israel sin Meretz” (Shavit, 2015a). El 18 de marzo, al día siguiente de la derrota, escribió que “los que besan los televisores son más necios que los que besan las mezuzot”, que el voto a Lapid “partió el bloque moderado y devolvió el poder al Likud” y que “cada escaño para Lapid fue un escaño directo para Netanyahu” (Shavit, 2015b).

En la misma columna agregaba que “no se puede dejar de decir esta mañana una buena palabra sobre Benjamín Netanyahu”, “el campañista excelente” que logró “un acto de magia política que corta el aliento” (Shavit, 2015b). Once años después cambió la receta por su contraria. Entonces la salvación era un liderazgo de centroizquierda y la unión en torno a Herzog; ahora es una derecha ilustrada al frente y un relato nacionalista. Dos cosas siguen idénticas, la culpa de los liberales y la magia de Netanyahu. Con esas dos constantes la columna puede escribirse antes de cada elección sin mirar las encuestas.

Dónde lo ataca y dónde lo ayuda

Contra quien lo acuse de complacencia, Shavit puede exhibir sus ataques a Netanyahu, que existen y son duros. En agosto de 2024 lo llamó “un ciego estratégico que llevó a su nación al borde del abismo” (Shavit, 2024a); en Foreign Affairs escribió que su coalición de derecha no fortaleció al Estado judío sino que lo debilitó (Shavit, 2024c); en octubre de 2025 llamó al ataque en Doha “la necedad que cometió Netanyahu” (Shavit, 2025b). Todos esos juicios miran al pasado. Sus propuestas miran a lo que todavía se decide, y ahí la dirección es otra.

La columna de la izquierda reúne juicios sobre hechos consumados, que no obligan a nadie a nada. La de la derecha reúne propuestas sobre lo que está en juego, el juicio penal, la reforma judicial, la composición de la oposición y el gobierno siguiente. En cada una de esas cuestiones la propuesta de Shavit coincide con lo que favorece a Netanyahu. La tercera etapa del plan que Shavit le atribuye, incorporar a Eisenkot a un gobierno nacional amplio, es el programa que el propio Shavit dice haber defendido “una y otra vez”, y que según el Jerusalem Post el Likud estudia en forma de rotación con Eisenkot (Jerusalem Post, 2026). Shavit presenta como trampa lo mismo que él propone.

Lo que Netanyahu gana con estas críticas

Ese mecanismo no es nuevo en él, y por eso lo reconocí. Lo vi operar en 2017 sobre otro material, en Mi tierra prometida, donde lo que se pagaba era la absolución de una limpieza étnica (Balaban, 2017). Nueve años después el material es otro y la operación es la misma: hoy lo que se compra es la credibilidad de una receta electoral.

La etiqueta de “izquierdista” tampoco es inocente. Shavit reprocha a los liberales haber preferido “un candidato al que la derecha puede etiquetar de izquierdista” y afirma que Netanyahu buscó un rival con “posiciones de izquierda”. La campaña del Likud dice lo mismo con menos rodeos. “O izquierda o derecha, esa es la esencia de estas elecciones”, “no hay Yashar, es un bluff”, dijo Netanyahu el 18 de septiembre (Walla, 2026). Al reclamar que la oposición se defienda de esa etiqueta corriéndose a la derecha, Shavit acepta el eje que el Likud eligió para la elección y le pide a la oposición que juegue en ese terreno, donde Netanyahu es, según su propia columna, el ajedrecista del siglo.

Ups, otra vez

El título de Shavit dice que los liberales lo hicieron de nuevo. Lo que se repite es su columna, la de 2015 y la de 2026, con la receta invertida y el mismo culpable. Si la oposición le hiciera caso, llegaría al 27 de octubre desmoralizada por el mito del mago, fundida en listas que según todas las encuestas pierden escaños, con una conducción de derecha que aleja a sus votantes de centro e izquierda y con la mayoría que incluye a los partidos árabes descartada de antemano. Y si aun así ganara, el programa de Shavit la llevaría a un gobierno de unidad con el Likud. La receta no necesita ningún propósito oculto para producir ese resultado. Basta con seguirla.

Referencias

Balaban, Oded. 2017. “La lágrima como recibo. Sobre Mi tierra prometida, de Ari Shavit”. Publicado en odedbalaban.com, 26 de septiembre de 2026. https://odedbalaban.com/2026/09/26/la-lagrima-como-recibo/

Caspit, Ben. 2026. Columna de opinión. Walla!, 25 de septiembre.

Haaretz. 2026. “Israel Election Poll: Eisenkot’s Bloc Beats Netanyahu as Likud Gains Ground”. Haaretz, 23 de septiembre.

Jerusalem Post. 2026. Nota sobre una rotación del Likud con Eisenkot. The Jerusalem Post, 26 de agosto.

N12. 2026. Nota sobre la campaña del Likud “לגדי אין ממשלה בלי הערבים” (Gadi no tiene gobierno sin los árabes). N12, 23 de julio.

Shavit, Ari. 2015a. “או לפיד או תקווה” (O Lapid o la esperanza). Haaretz, marzo.

———⁠. 2015b. “המהפך שלא היה” (El vuelco que no fue). Haaretz, 18 de marzo.

———⁠. 2024a. “נתניהו הוא האיש שרצה להיות צ׳רצ׳יל – אבל לא היה” (Netanyahu es el hombre que quiso ser Churchill y no lo fue). Maariv, 10 de agosto.

———⁠. 2024b. Entrevista en el pódcast de Nadav Perry. Srugim, 9 de septiembre.

———⁠. 2024c. “What Israel Has Lost”. Foreign Affairs, 5 de octubre. (Traducción española: “Lo que Israel ha perdido (y cómo puede recuperar su ventaja estratégica)”.)

———⁠. 2024d. Entrevista en pódcast. Israel Hayom, 3 de noviembre.

———⁠. 2025a. “שבוע של גיבורי-על” (Una semana de superhéroes). Makor Rishon, 22 de junio.

———⁠. 2025b. Columna sobre el ataque en Doha. ynet, 4 de octubre.

———⁠. 2025c. “כשלון הרל״ב מוכיח – צריך רל״ק” (El fracaso del “solo-no-Bibi”). ynet, 11 de noviembre.

———⁠. 2025d. “ברית ליברלית-מסורתית” (Alianza liberal-tradicional). ynet, 19 de noviembre.

———⁠. 2025e. “חנינה תמורת הפיכה” (Indulto a cambio del golpe). ynet, 30 de noviembre.

———⁠. 2026a. Columna de despedida. Makor Rishon, 20 de febrero.

———⁠. 2026b. בנט – שעת אמת (Bennett. La hora de la verdad). Tel Aviv: Kinneret Zmora-Bitan.

———⁠. 2026c. “רגע לפני חצות: לכו ישר וביחד” (Un momento antes de la medianoche). ynet, 2 de septiembre.

———⁠. 2026d. “הציבור עובר מנתניהו אל הימין הקיצוני. בנט טעה כשהתחבר ללפיד” (El público pasa de Netanyahu a la extrema derecha; Bennett se equivocó al unirse a Lapid). Pódcast HaShavua, Haaretz, 17 de septiembre.

———⁠. 2026e. “אופס, עשינו זאת שוב” (Ups, lo hicimos de nuevo). ynet, 22 de septiembre. Versión grabada: “Ups, los liberales lo hicieron de nuevo”.

Times of Israel. 2026a. Liveblog, 4 de septiembre.

———⁠. 2026b. Liveblog, 8 de agosto.

———⁠. 2026c. “Lapid Said Willing to Drop to Third Spot on Ticket with Bennett if Eisenkot Joins”.

Walla. 2026. Declaraciones de Benjamín Netanyahu, 18 de septiembre.

Wikipedia. 2025. “2025 Opinion Polling for the 2026 Israeli Legislative Election”. Consultado el 26 de septiembre de 2026.

———⁠. 2026. “Opinion Polling for the 2026 Israeli Legislative Election”. Compilación de las encuestas del Canal 12, el Canal 13, Kan, Maariv e Israel Hayom. Consultado el 26 de septiembre de 2026.


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