Oded Balaban — University of Haifa — balaban@research.haifa.ac.il

Respuesta a un amigo

Un amigo que vive en Argentina me sostuvo que un gobierno de minoría no se sostendría. Según él, depende del apoyo de los partidos árabes desde afuera, y no hay intereses comunes entre ellos. Esta fue mi respuesta.

Estás mezclando dos cosas. La primera es que ninguno de los que apoyan al gobierno tenga interés en voltearlo en las votaciones en que puede caer: la de censura y la del presupuesto. La segunda es el acuerdo sobre cada medida que el gobierno toma. El apoyo desde afuera necesita solo la primera. La segunda no la tiene ninguna coalición, ni siquiera la más homogénea. Y el primer interés existe.

En lo social el acuerdo es amplio

Presupuestos para los municipios árabes, combate a la delincuencia organizada, que se cobra decenas de muertos por año en las localidades árabes, el costo de vida, la vivienda y la igualdad civil. En todo eso los partidos árabes coinciden con cualquier gobierno de centro que reemplace al de Netanyahu.

Los cuatro temas que te preocupan no dividen

Preguntaste por los asentamientos, por Trump, por Jerusalén y por Gaza.

Los asentamientos. Un gobierno así se opondría a los asentamientos que no son legales ni siquiera según la ley israelí, y apoyaría el desalojo de los que levantó el gobierno de Netanyahu. Eso es lo que quieren los partidos árabes, y ahí el acuerdo es pleno.

Trump. La política del gobierno de Netanyahu hacia Trump cambia cada semana y no tiene una línea clara. Sobre un asunto sin línea no hay manera de dividirse. Además, la mayoría de los socios de un gobierno así están cerca de las posiciones moderadas del Partido Demócrata norteamericano.

Jerusalén. Nadie propone dividir la ciudad. Tampoco hay ahora negociación, ni la habrá mientras la Autoridad Palestina siga tan corrupta como hoy. Un tema que no está sobre la mesa no divide. Y cuando llegue a estarlo, en el marco de un acuerdo de paz, no habrá propuesta de dividir la ciudad, porque una ciudad dividida no es garantía de paz.

Gaza. Los árabes israelíes no apoyan a Hamás. Gadi Eisenkot, presidente del partido Yashar!, propone obligar a Hamás a entregar sus armas, con el apoyo activo de Egipto, Jordania y Europa, y convertirlo en un partido dentro de una Autoridad Palestina democrática. No hay razón para que los partidos árabes se opongan.

Una operación militar no voltea un gobierno

Tu temor principal es la seguridad. Supongamos que el gobierno decide una operación militar y que a un diputado árabe, con familia en Cisjordania, le cuesta apoyarla. Es comprensible. Pero una operación militar la decide el gabinete, no la Knéset. Y si la decisión llega a la Knéset, la oposición de derecha votará a favor. La oposición en Israel acusa a los gobiernos de hacer demasiado poco, no de hacer demasiado. Por eso el diputado árabe puede votar en contra o ausentarse, y el gobierno no corre peligro. Un gobierno cae en una votación de censura o en la del presupuesto. En esas votaciones el interés de los partidos árabes es claro: que Netanyahu no vuelva al poder con sus socios hostiles a los árabes. Justamente en el terreno de la seguridad, que parece el punto débil del gobierno, el gobierno está protegido, porque lo sostiene la propia oposición.

La ley de reclutamiento pasará por amplia mayoría

Al fundarse el Estado, Ben Gurión eximió del servicio militar a unos cuatrocientos estudiantes de yeshivá, para que el estudio de la Torá, casi borrado por el Holocausto, continuara. La exención para unos pocos se convirtió con los años en una exención de decenas de miles. Hoy cohortes enteras de jóvenes ultraortodoxos no sirven, mientras los laicos y los religiosos sionistas sirven tres años y después muchos años en la reserva.

La Corte Suprema estableció una y otra vez que la exención general no es legal y es discriminatoria. La ley Tal, de 2002, intentó regular el asunto, y la Corte la anuló en 2012. Desde entonces no hay un arreglo válido. El 25 de junio de 2024 la Corte ordenó reclutar a los estudiantes de yeshivá y dejar de financiar las yeshivot de quienes están en edad de servir. Una ley que fije metas de reclutamiento y sanciones para quien no las cumpla nunca se promulgó, porque Netanyahu depende de Shas y del Judaísmo Unido de la Torá, y ellos la bloquean. Durante la guerra, con los reservistas movilizados una y otra vez, la situación se volvió insoportable.

Un gobierno apoyado por los partidos árabes aprobará esa ley. Los ultraortodoxos se opondrán. Pero buena parte de la derecha la apoyará. Avigdor Lieberman hizo de la igualdad en las cargas su bandera, y en 2019 se negó a sumarse al gobierno de Netanyahu por la ley de reclutamiento. Muchos votantes del Likud quieren que los ultraortodoxos sirvan como sirven sus hijos. En esta ley el interés común se extiende desde los partidos árabes hasta la derecha laica. Fuera de él quedan solo quienes gozan de la exención.

Los roces vendrán de la derecha, no de los partidos árabes

No describo un gobierno sin roces. Los habrá, pero no del lado que temés. Vendrán de Lieberman y de diputados de Naftali Bennett. Pero protestar no es querer voltear al gobierno. Quien lo voltee devolverá el poder a Itamar Ben Gvir y a Bezalel Smotrich, y ninguno de los socios querrá eso. El temor a la alternativa sostendrá al gobierno más que cualquier acuerdo.

Ya ocurrió

Isaac Rabin hizo aprobar en la Knéset el acuerdo de Oslo II en octubre de 1995, por 61 contra 59. Era un asunto de seguridad de primer orden, y su gobierno se apoyaba en el respaldo desde afuera de Hadash y del Partido Árabe Democrático, “el bloque bloqueador”. En 2021 Raam, el partido de Mansur Abás, se sentó en una coalición. Fue la primera vez en la historia del Estado que un partido árabe independiente formó parte de una coalición. Lo que sostenés que no puede funcionar ya funcionó.


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